Los señores de las letras —y sus categorías

Por mi parte no tengo que hablar de dones extraordinarios, tampoco de periplos que me llevaron a la Gran Europa o a la Antigua y Atiborrada Asia.

Nope, nopales.

Pero bueno.

A mi percepción, al menos dentro de la carrera que yo estudié —Literaturas Hispánicas—, puedo comentarles que el 90% de los que categorizaré son, efectivamente, lo que son: un carnaval de truncos y egresados que se infiltran en tus emociones más oscuras, pero para nada en tu luz ni en el incremento de capital de tu billetera o del pomposo tesoro nacional. Nanais.

Regularmente un letrado que sigue, deserta o termina su Universidad, de un grado académico mayor o menor, termina siendo un sociopata alegre por revisar y/o criticar todo lo que haces en las redes sociales, además de quejarse de TODO lo que la existencia le aporta —o mejor dicho, lo que ellos abstraen de ésta. Sí, se vuelven los demonios íncubos o súcubos devoradores de energías, maestros de literatura o geografía de día, barflies de noche, y a mucha honra; si no, éstos son trabajadores de alguna institución de cultura, regularmente malpagados, o profesan algún oficio que no tiene nada que ver con las letras y sus pecados.

Muy pocos suelen ser exitosos, siendo grandes doctores de universidades con nombres más largos que la lengua de tu tía la grosera o de nombres germánicos que merecen un agudo estudio de fenomenología, porque cada quien le entiende lo que le parece. Y, aún así, éstos seres perfectos tienden a ser bastante maquiavélicos, o es decir, sociópatas «funcionales».

 


 

Pero, para desmembrar conciensudamente esta categorización, comencemos con los más conocidos por su contenido tóxico y posiblemente flamable: los infrarealistas.

Sí sí, estos suelen ser las estrellas de rock, aparentemente sólo envejecen con canas y arrugas, pero nunca con años, no, porque viven de la energía de jóvenes amantes de las cervezas asequibles y cantinas de poca monta, así perviviendo de su poderosa intelectualidad, y experiencias «muy» vividas, para convertirse en seres alfa, esos que se la saben de todas, hasta de qué olor huele tu culo y a éste le gusta leer a Kierkegaard o a W. Burroughs. De seguro se acostarán con tu novia, o ex-novia, pero de todas maneras serán tus cuates, aunque sea a la fuerza, porque, si no, hablarán muy mal de ti a tus espaldas, no obstante, te sonreirán cuando pases al lado de ellos, aun cuando ellos te vean a la cara o no.

Los infrarrealistas —anteriormente vanguardistas; priorem románticos decadentes— se inclinan a nunca terminar carrera alguna, porque son alquimistas de la realidad, pueden hacer lo que quieran con ella, pero no les viene en gana hacerlo, así que viven ahogando sus potentadas penas con alcohol barato y recuerdos de hace décadas. O siglos.

Las frases más relevantes de ellos son muy coloridas, entre ellas están: “Pinche putito”; “Vete a la verg@”; “Si tu episteme no me satisface, te puedes ir a la chingada”; “La praxis de la vida me ha hecho un chingonaso”; “Léete primero a Bolaño, luego quédate con la sabiduría de la calle”; “Yo me leí de todo, hasta era muy educadito como ya sabras quiénes”; “¿A poco no lo has leído? No mames, y te crees el muy frú-frú de las letras. Yo que te creía diferente”.

Su postura política es regularmente apolítica, coqueteando con la ultra-izquierda, pero como viven en otro plano de la realidad, son seres superiores a nosotros, por lo tanto se convierten relogiosamente en metafísicos, y, por lo tanto, su política es la metapolítica entre botellas y enervantes que excitan sus más conmovedoras ideas literarias.

Su alineamiento (alignment) ronda entre los Neutrales Puros (True Neutral) y Malvados Caóticos (Chaotic Evil). Sólo un que otros es Neutral Bueno (Neutral Good).

[Son hípsters de clóset]

 


 

Los que siguen son: los mataditos, barberos —no es literal, ni de profesión—, masajistas —tampoco—, los nerds de las letras por excelencia, esos que se ganan casi todas las becas a toda costa. Sí, le han atinado, incluso se podrán sentir proyectados, porque son los brazos alzados más rápidos del Oeste, y del Este; sus participaciones en clase los hace convierte en las manos derecha de los maestros, además de porque se saben de memoria todas las lecturas que han visto en la carrera, y aún más porque ellos mismos fungen como secretarios de los catedráticos, sea porque son becarios o muy amados por ellos. No obstante, a veces hasta los profesores se hartan de ellos, sea por envidia o por su constante acoso académico.

Socialmente son los más infámes, pero en apariencias son los «más respetables», ya que se visten bien, se ven bien y quieren ser enemigos de todos, o amigos de todos, polarizando su ambiente, porque son también alquimistas, pero de la academia, por eso son enemigos acérrimos de los infrarrealistas, estos son magos de sus propias consciencias, así que saben, como buenos sociópatas, simular que son afables o poderosos arcanos de la literatura, de este modo te hacen menos si no eres su aliado, y aún cuando seas su supuesto amigo, de vez en cuando cometerán «pequeñas» traiciones a tu persona, sin embargo, te las pagarán con creces, sea saludándote diez años después de haber terminado la carrera, o comprándote un café mientras mueres de tristeza o de hambre. Lo contradictorio es que suelen ser tacaños, pero se dan diminutos permisos de caridad cuando se sienten «agradecidos»

Sus frases más conocidas son: “¡Yo, profe!”; “Esa está muy fácil”; “¿Qué no ahora es el examen” [todos lo abuchean]; “Haría lo que fuera porque mi 9.5 se vuelva un 10…”; “¡ME SAQUÉ UN MALDITO 9, UN MALDITO MÉNDIGO 9! Mis papás me van a matar, ellos no querían que estudiara esta carrera, sólo me lo permitieron si sobresalía en ella, pero ya no, no no, esto se acabó… ¡Ese engreído profesor me las pagará!”; “¿Ya leíste las novelas que nos dejaron?” [le respondes que no, o que a medias, porque todavía falta un mes para ser evaluadas] “Ay, ¿en serio? Yo ayer me leí las dos, les hice reseñas y le di de comer a mis gatitos. Son nueve. Uno se llama Caspian, otro Quijote, otro Áramis, otro…”; “Lo siento, no puedo ir a la fiesta, tengo muchas lecturas y los profesores no paran de darnos más; luego la beca depende de mis esfuerzos; no sé cómo le harán ustedes, según yo tenemos que ser muy responsables para ser buenos literatos… Yo no quiero terminar en un McDonalds como fulatino o fulanita”; y párenle de contar.

Políticamente la mayoría son de derecha de clóset, aunque las mujeres a veces caminan con el pie izquierdo, a veces con el derecho, dependiendo si se trata de un tema feminista o meramente religioso. No obstante, prefieren no hablar de política.

Sus lecturas tienden ser románticas, realistas, algunas fantásticas y de misterio e intriga.

No con cualquiera confiesan sus verdades, prefieron que los demás hablen de su vida y así tener el poder de la información y, si acaso, algún día ayudarlos, o, en el peor de los casos, chantajearlos.

Por cierto, son los más perspicaces a la hora de postear algo en Instagram todo lo que leen, hacen y los cafés que se toman al día, aun cuando estos sepan a rayos.

Ah, y saben sacar provecho en todo, todito. Lo aprendieron desde que entraron a Kínder.

Por lo regular su alineamiento es Neutral o Evil, pero en ambos casos saben simular que son «de otra estirpe». Eso sí, pocos son realmente unos ángeles —sin sarcásmos—, y pueden llegar a ser Legalmente Buenos.

 


 

Los abiertamente más detestados por todos, hasta a veces los infras y los mataditos tácitamente se alían contra ellos, son los hípsters de las letras: amantes de lo post-moderno, se ven súper bien, ya que tienden a ser los guapos de la profesión, por eso quedan conformes con leer «de todo», pero al final del día lo mejor es la «buena literatura», esa que a veces ni tú ni yo conocemos, aunque existe, está por ahí, tal vez en Anagrama o en una editorial de lenguas extranjeras que no entiendes ni papa.

Si te gusta algún chico o chica, lo siento, ese o esa ya están flechados por estos seres, bardos de la literatura, adoradores del buen beber, buen vestir y comunicólogos/cineastas/diseñadores gráficos reprimidos que algún día destacaran en una revista o producción medianamente conocida.

Prefieren vivir en la metrópoli, así que, si vives en México, vete a Guadalajara o a la mismísima Ciudad de México, ahí los verás, como becarios, artistas, editores o polizontes de un Call Center.

Su sueño es que el mundo sea mejor [para ellos] y tienden darle la mano a sus otros congéneres hípsters con los cuales [les conviene] su crecimiento equitativo al suyo. Si su lugar de origen no es una metrópoli, este espacio le apodaran con amor “Mi rancho”, o, de lo contrario, hablarán pestes de él, que el retroceso del país ahí pervive y que las cosas están mejor “Acá”.

Su fraseología ejemplificada más pispireta es: “La epistemología de Kristeva me parece caduca, te recomiendo a este traductor Serbio, también crítico de la Semántica, él está más apegado a un nuevo sistema que…”; “Lo siento, tengo otra fiesta a la cual ir”; “No tomo cerveza comercial, sólo artesanal; “¿Vino? ¿Quién dijo vino?; “Bueno, dame esa cerveza pues, de todos modos a veces es bueno ir al infierno para renacer más poderoso en el paraíso”; ¿No lo has leído? ¿En serio? Y eso que estudias Literatura, qué chafa”; “Chido”; “Cámara”; “La vida es mucho mejor en la Ciudad”; “Pinches vaqueros/cheros, me tienen harto con sus carnes asadas, sombreritos e hipocrecías”; “Ya lo leí”; “¿Escuhas eso? Déjame enseñarte mejor música, te hace falta”; y demás.

Declaradamente se dividen, dentro de la política, en dos de izquiera moderada o ultra-izquierda y también de una derecha casi centralista. Ven por el medio ambiente, aunque prefieren ganarse a las chicas o chicos más guapos, aun cuando estos estén más desquiciados que ellos, y así juntos olvidar a la naturaleza y mejor viajar por el mundo, tomar fotografías con sus celulares, andar en bici, luego en automóvil, luego en avión, por último olvidarse otra vez de… ¿Qué? Ah, de la naturaleza. Sí.

Lecturas: vanguardia, sí, pero también todo lo post-moderno, como Foucault, Kristeva, Derridá, Lacán, sin embargo, empiezcan con Nietzche y terminan con un Harry Potter de su momento.

Su alineamiento, vaya, es aparentemente el Legal Bueno, pero son más Neutrales que los mataditos; de hecho, pueden rondar entre toda la gama de la Neutralidad, ya que están, por así decirlo, aunque sea impreciso, están en medio de lo que es ser un infrarrealista y un matadito, por eso son odiados, porque son todo y tienen todo, sólo los que a veces les ganan son los nerds, pero de todos modos los terminan envidiando porque «les dieron el gane» con el amor de su vida.

 


 

El resto que queda son aquellos que no saben ni una centésimia de milésima qué hacer con su vida; no saben por qué estudiaron Literatura, ni mucho menos les queda haberla estudiando, por eso no la terminan, y si acaso tienen éxito en licenciarse, se van odiando a las Letras y mejor estudian otra carrerra que los confunde igual o más.

Los  cholos (hommies) y otakus están incluídos.

 


 

También están los frustados que no estudiaron la literatura, pero, para ser sincero, creo que si son disciplinado y buenos seres, terminan siendo más exitosos y bondadosos que uno que estudió la sabia y divina literatura.

 

F I N

[Por fin…]

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PD:

No espero corregir esta publicación, porque, aparte de la modorra que tengo, ¡esto es un mal-bendito diario! No es para verse glamuroso, es para desahogarme y, si es posible, divertirme solito o acompañado. Regularmente solito.